Utilizada por redes de semillas de casi todo el país, la muvuca es una técnica de siembra directa barata, eficaz y que además promueve la valorización de las comunidades de recolectores y de las semillas nativas de cada bioma
La semilla es un depósito de vida en evolución. Cuando germina, comienza una nueva historia de vida que crecerá, se adaptará y se reproducirá, creando nuevas semillas. Equipada con una carga genética eficaz, ese primer eslabón de la cadena alimenticia y de varios otros ciclos de la naturaleza es lo que garantiza la sucesión ecológica. Precisamente por tener esa potencia vital, la semilla es un elemento eficiente y económico cuando se utiliza en la restauración ecológica de zonas desforestadas.
Actualmente hay dos maneras principales de realizar la restauración ecológica: a través de la plantación de mudas y mediante la siembra directa. La más popular es la plantación de mudas, que tiene dos desventajas económicas: un coste elevado y la necesidad de un manejo intenso después de la plantación.
En cambio, la técnica de la siembra directa, más reciente, es más barata y requiere menos atención con las plántulas germinadas, que ya nacen donde permanecerán hasta el fin de su vida.
La restauración de una zona degradada mediante la siembra directa no sucede sin la existencia de un eslabón fundamental: el recolector de semillas. Organizadas en redes, estas personas se hacen responsables de la recolección, la selección, la limpieza y la distribución de semillas nativas.
A continuación, enumeramos tres características que ponen en evidencia la importancia del uso de la muvuca ofrecida por las redes de semillas para la restauración ecológica de su propiedad.
1. Coste más bajo, mayor eficacia y más diversidad

Muvuca de 88 kilos, con semillas nativas de 67 especies diferentes. (Foto: Divulgación)
Mientras que las mudas son caras, grandes y pesadas, las semillas son más pequeñas, leves y baratas. Para tener una idea de la diferencia de costes, para restaurar un metro cuadrado del Cerrado brasileño con capín nativo se necesitan cuatro mudas. Cada muda de capín cuesta unos 20 reales brasileños.
Por otro lado, se puede restaurar esparciendo semillas directamente en ese mismo metro cuadrado. Cada semilla cuesta una mínima fracción de un centavo de real. Por lo tanto, incluso sembrando un área pequeña con miles de semillas, el coste de la restauración se reduce por lo menos a la mitad del coste de la plantación con mudas.
A esto se le suman los gastos de transporte y manejo (las mudas son más pesadas y requieren más cuidados), los gastos de los materiales utilizados (las mudas necesitan bolsitas y herramientas para el trasplante, mientras que las semillas solo se mezclan y se esparcen en el suelo) y con los recursos humanos.
A diferencia de las semillas, las mudas requieren cuidados después del trasplante. “No se puede dejar a la muda tirada en el campo sin más. A menudo será necesario regar, abonar y ocuparse de depredadores como las hormigas, por ejemplo”, dice Alexandre Sampaio, analista ambiental del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) y especialista en proyectos de restauración forestal.
La técnica de la siembra directa (que consiste en mezclar las semillas con la tierra del lugar a restaurar creando un compuesto llamado muvuca y esparcir después dicha muvuca en el suelo) imita procesos naturales y por eso no requiere cuidados adicionales. “Cuando hacemos restauración ecológica en la época correcta, imitando los procesos naturales, los brotes más fuertes van a crecer hasta la fase adulta y generar nuevas semillas, sin necesidad de cuidados de irrigación, abono y contra los depredadores”, dice Alexandre.
2. Apoyo a comunidades tradicionales

Yakawa Ikpeng es fotografiada delante de su casa en el Territorio Indígena del Xingu (MT) sosteniendo un cesto de paja con semillas de Carvoeiro (Sclerolobium paniculatum). (Foto: Ayrton Vignola)
La demanda de semillas nativas para la restauración ha generado renta adicional para agricultores familiares, pueblos originarios y comunidades tradicionales en todo el país.
Juntos, estos recolectores de semillas se reúnen en redes organizadas que suministran los insumos para restauración en zonas parecidas a aquellas donde viven. Esas redes, hoy consolidadas, están formando el redário: un grupo de redes creado con el objetivo de ampliar las relaciones comerciales, difundir conocimiento y fortalecer las comunidades.
“El redário ha sido una experiencia muy buena. Quien está en el mercado hace más tiempo ayuda a los principiantes, las personas se sienten más cómodas para pedir y ofrecer ayuda. El producto es el mismo, de modo que con frecuencia los problemas y las soluciones también son los mismos” dice Camila Prado Motta, presidente de la Rede de Sementes do Cerrado (Red de Semillas del Cerrado).
Además, según Camila, la estructuración del redário protege a las comunidades de grandes empresas interesadas en el lucro a través de la oferta exclusiva de semillas.
La implicación de la comunidad en la recolección de semillas es una garantía de éxito para todos, según Severino Ribeiro, director y presidente del Centro de Investigaciones Ambientales del Nordeste (CEPAN por sus siglas en portugués), que trabaja en este momento, entre sus proyectos principales, en la recuperación de la cuenca del río Doce, en el estado de Minas Gerais.
“No se hace restauración sin participación. Es necesario crear cadenas capaces de movilizar centenares de personas empeñadas en el trabajo de recolectar semillas. Cuando eso ocurre, reducimos los costes y ganamos escala. Eso abre oportunidades sociales de generación de empleo y renta. Es posible abrir oportunidades de negocio con empresas de gran demanda, como las energéticas y las del sector agrícola.”
3. Valorización de las especies nativas y la biodiversidad

Pequi del Xingu, el pequi más grande y más rico en pulpa de todas las variedades de la especie. Está entre los artículos comercializados en la muvuca de la Rede de Sementes do Xingu. En la foto, Ana Cláudia Timóteo Barbosa, recolectora del Proyecto de Asentamiento (PA) Dom Pedro, obteniendo pequi (caryocar brasiliense). (Foto: Tui Anandi/ISA)
Un error común en el proceso de restauración ecológica es plantar mudas de especies en zonas degradadas donde dichas especies no crecen naturalmente. En la siembra directa, las semillas suministradas por las redes son originarias de terrenos con características ambientales parecidas a los lugares donde se van a sembrar. Eso desarrolla un sentido de protección de dichas especies en los territorios donde las semillas fueron recolectadas y donde germinarán.
“Antiguamente, nuestro grupo plantaba solo árboles frutales para tener sombra y alimento, pero no teníamos esta visión de que los árboles del Cerrado vivos también pueden generar renta, ni tampoco que son importantes para mantener el equilibrio ambiental. Hoy en día sabemos que, además de generar renta extra, estas plantas vivas también dan sombra y son fundamentales para conservar nuestras nacientes de agua”, dice Eliane Righi, recolectora y enlace de la Associação Rede de Sementes do Xingu, residente en el asentamiento rural de Bordolândia, municipio de Serra Nova Dourada (MT).
Además, de acuerdo con un artículo publicado por los ingenieros de Embrapa Florestas, Amilton Antonio Baggio y Moacir José Sales Medrado, es fundamental preservar la biodiversidad para preservar también la producción agropecuaria.
“La biodiversidad permite la creación de nuevas variedades y razas, con objetivos económicos, sanitarios, técnicos y ecológicos. Además, el uso de estos recursos puede contribuir también a la modificación de determinadas prácticas, como por ejemplo sustituir los agrotóxicos por el control biológico”, afirman los científicos.
Más información:
La Rede de Sementes do Xingu es una solución para la reforestación en Brasil
